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¿Vivir para trabajar o trabajar para vivir?

Gabriela Soberanis Madrid, Enfoque Integral

Gabriela Soberanis Madrid, Enfoque Integral

*Por Gabriela Soberanis Madrid

“El trabajo es uno de los grandes lugares comunes de la vida. El trabajo puede ser una bendición, un castigo, una ocupación, una plegaria, una fuente de alegría. Depende únicamente de nosotros. Podemos hacer cosas pequeñas con un alma grande; y las cosas grandes con un alma fría y mezquina. El secreto de la dignificación del trabajo está en el alma del que lo realiza” . Roque Schneider

Acerquémonos un poco a la realidad del mundo laboral: La gente espera con ansias que termine su jornada, que sea fin de semana, que lleguen las vacaciones; otros cuentan los días que le faltan para jubilarse y algunos hasta sueñan con ganarse la lotería para dejar de trabajar. Los que son adictos al trabajo, secretamente desean tirar la toalla un día y hacer lo que les plazca. En todos estos escenarios hay un factor común: la sensación de que la verdadera vida comenzará después del trabajo.

Sin la intención de generalizar, podemos ver que para nuestra sociedad el trabajo es simplemente un modo de ganarse la vida. Casi siempre para el género masculino es un asunto vinculado al rol de proveedor y para la mujer, una necesidad en ausencia de ese apoyo. Rara vez viene aparejado por una realización interna o de sentido personal.

Lo que está ocurriendo es que el trabajo se ha vuelto una de dos cosas: obligación o adicción.  Muchos factores han dado lugar a ello: las presiones económicas de sostener una familia, la ambición exagerada por el poder, el prestigio o las posesione, la falta de afectos personales que se suplen con el trabajo excesivo sin sentido y una falsa creencia de que el camino al éxito profesional implica dejar la vida familiar en segundo plano – por mencionar algunos -. Todo esto ha sustituido nuestros deseos más íntimos de realización, nos ha hecho abandonar nuestros ideales, ha suplantado la confianza en nosotros mismos sobre lo que podemos lograr y se ha vuelto más importante que perseguir nuestros sueños con los dones que nos fueron otorgados.

La realidad que hoy vivimos es esta: muy poca gente hace lo que quiere y disfruta lo que hace. Entonces, ¿Vivimos para trabajar o trabajamos para vivir?

Yo diría que ninguna de las dos.

Seguimos pensando que el trabajo es un intercambio entre hacer y dinero. Si bien el concepto de trabajo puede ser analizado desde diferentes perspectivas, la aproximación del filósofo austríaco Víktor Frankl nos da una idea de cómo hemos desvirtuado su verdadero sentido. En su obra “Psicoanálisis y Existencialismo” dedica un apartado a la discusión de lo que el trabajo representa en la vida del hombre. Básicamente introduce la idea de que el trabajo debe tener un significado profundo y vivo para el ser humano y propone el concepto de misión como un llamado existencial donde el hombre tiene la oportunidad de convertirse en un ser responsable que encuentra su sentido mediante lo que le da a su comunidad y al mundo. En otras palabras, el trabajo permite al ser humano cumplir su misión y servir a otros.

Quizás debamos partir de que a cada uno de nosotros se nos ha otorgado talentos únicos, y desde la singularidad de cada existencia cualquier trabajo recibe ese toque original y específico de cada persona. La tarea trasciende cuando se tiñe de creatividad, originalidad y sentido sin importar qué tan repetitiva o monótono sea. La profesión es el simple marco de posibilidades infinitas que existen de realizar una obra personal y eso es lo que da sentido al trabajo.

Permítanme ilustrarlo de esta forma: si la vida te da limones, tu responsabilidad es hacer limonada. La mejor limonada que tu puedas hacer. A otros también les darán limones y tendrán la misma misión: hacer limonada. Pero tu limonada y la de esa otra persona tendrán sus diferencias y es responsabilidad de cada uno hacer que luzcan esas singularidades. A otros les darán naranjas y a ellos les corresponderá hacer naranjada. O ¿cómo lo puedo decir? ¿zapatero a su zapatos?

Vemos gente que ha destacado en diferentes ámbitos. Yo menciono el ámbito y ustedes a la persona y su talento. Los hay en el mundo de la tecnología, de la moda, la música, la medicina, la literatura, los deportes, las artes, etc. Esas personas viven de su pasión. De lo que aman hacer. ¿Qué tan diferentes somos todos nosotros de ellos?

La gran diferencia es que estas personas tuvieron claro desde el principio cuáles eran sus talentos y decidieron hacer de ellos su modo de vida. No les importó sufrir las consecuencias de su decisión y los retos no fueron más que escalones para llegar a la cima. Casi sin excepción alguna, todas estas personas irradian una pasión por lo que hacen y casi todas ellas, viven con mucho más de lo necesario. ¿Qué mayor prueba tenemos de que todos tenemos un talento y que, de explotarlo, la vida se encargará del resto?
Sí, esta perspectiva del trabajo requiere conocimiento, confianza y valor.  Sé lo que tengo, confío en que puedo, tengo el valor ponerlo al servicio de la humanidad. Así de simple.

Cuando escucho a padres de familia nacidos en la era de la información, – pero clavados en la época de la Revolución Industrial – decir que hay carreras que no dan de comer, me abruma pensar que sus hijos se dedicarán a algo que no desean solo para complacerlos y complacer a la sociedad. Me preocupa pensar que estamos inmersos en una sociedad donde la gente tiene entumidos sus talentos, donde hay jóvenes estudiando carreras que no les apasionan, mujeres que nunca se han preguntado qué quieren hacer realmente con sus vidas, hombres que mantienen a sus familias mediante trabajos que lo más que les dejan es una quincena segura.

Desde una perspectiva hacia el futuro, tenemos un compromiso con las generaciones que vienen. ¿Qué vienen esas criaturas a ofrecerle al mundo? ¿Qué talentos tienen para poner al servicio de los demás? Y sea lo que sea, ayudarlos a encontrar su camino de tal forma que el logro de sus objetivos sea algo que se dé de forma natural. Porque seamos prácticos, veamos lo que ocurre con esas personas que no han tenido duda de qué hacer con sus limones. Si bien se han enfrentado a sus propios retos, lo cierto es que gozan de su trabajo.

Hagamos una pausa para preguntarnos ¿qué talento me ha sido otorgado? ¿lo estoy explotando? ¿estoy sirviendo a mi prójimo a través de mi trabajo? ¿estoy dispuesto a correr el riesgo de vivir mis sueños? Porque señores, los sueños son eso: hacer lo que queremos, cuando queremos y disfrutarlo. No es una utopía, es una realidad que otros han tenido el valor de vivir y que no ha sido determinado por las circunstancias sino por un deseo intenso de realización.

*Dirección General Enfoque Integral

Consultoría, Capacitación y Coaching para el éxito

gsoberanis@enfoqueintegral.com.mx