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Comunicándonos con libertad

Gabriela Soberanis Madrid, Coach de Vida

Desarrollo Humano

*Por Gabriela Soberanis Madrid

“Antes de hablar, piensa lo que vas a decir; la lengua, en muchos, precede a la reflexión.” – Isócrates 

Muchos de nosotros tenemos dificultades para comunicarnos, para ser claros y directos respecto a lo que queremos decir y no solo tenemos complicaciones en este aspecto sino que además, en momentos tentadores, muy a menudo caemos en la trampa de decir algo inapropiado o hiriente, producto de palabras no pensadas.

La comunicación asertiva es quizás una solución para estos problemas que la gente presenta a la hora de expresar sus ideas, sentimientos y experiencias. La asertividad es un tipo de habilidad social donde nos sentimos libres de manifestar lo que sentimos, pensamos o necesitamos sin temores, sin ofender a otros y, sobre todo, abriendo la posibilidad de diálogo y entendimiento con los demás. Entonces, la pregunta es ¿qué nos impide lograr una comunicación así?

Como yo lo veo, hemos confundido decir exactamente lo que pensamos creyendo que eso es honestidad o nos reservarnos comentarios para no herir a otros o contradecirlos, pese a que deberíamos ser más sinceros respecto a nuestras posturas. Es por eso que la comunicación asertiva si bien puede representar una respuesta para áreas de oportunidad como las mencionadas, al mismo tiempo constituye un gran reto en todo sentido. Al parecer, por mucho que deseamos mejorar nuestras habilidades de comunicación, la asertividad no siempre es bien recibida. Hablar con una honestidad directa aunque sea de forma empática y moderada, es a menudo rechazada. Si a esto le sumamos que exige ser cautelosos pero no temerosos, honestos pero no crueles, conciliadores pero no complacientes, comprensivos pero no condescendientes, es evidente que estamos frente a un desafío mayúsculo. Pero estas dificultades podrían atenuarse sustancialmente sino fuera porque la percepción de mucha gente respecto a la asertividad es de disgusto. Entonces no solo tenemos un mal, el que la gente no sepa comunicarse con claridad, franqueza y apertura, sino que tenemos dos: que a la gente tampoco le gusta que les hablen así. Esto nos sitúa ante un cuadro de susceptibilidades heridas que nos impiden avanzar en nuestras relaciones. Es como si estuviésemos a gusto con la idea de engañarnos con lo que nos decimos unos a otros.

Dicho lo anterior, pareciera que estamos frente a un panorama poco alentador en nuestra forma de comunicarnos: omitimos expresar nuestros sentimientos o puntos de vista para evitar confrontaciones, sentimos la urgencia de dar consejos o corregir a los demás cuando no nos lo han pedido, hablamos más de lo que escuchamos, nos irritamos fácilmente cuando no nos comprenden, respondemos con bromas en situaciones donde requeriríamos tomar las cosas en serio o actuamos con un sentido de inferioridad o superioridad frente a las opiniones de los demás. Pero lo cierto es que, desde el ángulo que lo queramos ver, existen grandes oportunidades en todos para mejorar nuestra forma de comunicarnos.

La comunicación se compone de muchos elementos, pero en principio, de palabras. Las palabras constituyen el poder que tenemos para crear vínculos con los demás. Es la forma en que expresamos nuestros pensamientos, lo que sentimos y lo que realmente somos. Reconozco que no estoy diciendo nada nuevo, pero si prestásemos verdadera atención a lo que decimos, nos daríamos cuenta que las palabras que empleamos comunican mucho más que simples conceptos e ideas.

Me parece que hacemos un mal uso de la comunicación a través de las palabras. Con mucha frecuencia las personas se olvidan del poder que éstas tienen y caemos en el terrible error de perjudicarnos unos a otros con ellas. Las cosas que nos decimos u omitimos expresar, como las que decimos u obviamos decirle a otros, sientan las bases de la calidad de nuestras relaciones. Las personas pierden de vista que todo lo que dicen, sea de sí mismos, de otros o de algo, dice mucho más de ellos mismos y es un reflejo de cómo ven la vida y de cómo la viven.

Comunicarnos con asertividad tiene grandes ventajas y desventajas. Respecto a las ventajas, nos ofrece la posibilidad de otorgar respeto a lo que pensamos y sentimos, de esta forma contribuimos a fortalecer nuestra autoestima porque nos ponemos como prioridad sin perder de vista que lastimar a otros nunca es una opción. Mediante la práctica de la asertividad logramos establecer límites en nuestra forma de relacionarnos con otros, somos capaces de expresar con claridad lo que queremos y lo que no y así, contribuimos a que los demás nos traten con respeto, al mismo tiempo que ofrecemos lo mismo a las demás personas y sus ideas.  Por otro lado, tiene desventajas – como todo -. Quizás la más común es que no todas las personas se podrán sintonizar con el grado de libertad que empleas para expresar lo que piensas y sientes o no serán receptivas a ese estilo de comunicación. Esto podría ser doloroso, porque en el camino podrás perder relaciones que hoy estimas. Sin embargo, no hay nada más destructivo para cualquier relación que mantenerla dentro del marco de una comunicación que no conoce la integridad y la libertad.

Como yo lo veo, un buen punto de partida – simple y sencillo – que nos puede ayudar a comunicarnos de forma más asertiva es hacernos la siguientes preguntas cada vez que hablemos: ¿Es necesario? ¿Es verdad ¿Es amable? Estas tres poderosas preguntas nos pueden situar y darnos luz al momento de determinar qué cosas debemos decir y que cosas no. A menudo decimos cosas que no son necesarias o ciertas o amables. Justo de esta forma es que caemos en chismes y críticas que laceran las relaciones que tenemos con otros. En cambio, si practicamos el hábito de pensar antes de hablar y empleamos estos filtros, con más facilidad podremos darnos cuenta cuando estemos a punto de decir algo innecesario, que no sabemos si realmente es cierto o si resulta amable para nosotros mismos y otros.

No debemos olvidar que cualquier cosa que decimos tiene un gran impacto en nosotros mismos y en otros. Los tres filtros antes expuestos pueden representar un gran paso hacia la asertividad. Nos dan oportunidad de ejercitar la reflexión y la disciplina en nuestra forma de comunicarnos y crear lazos más sanos y afectivos con otros.

Como hemos podido señalar, la comunicación en sí es un instrumento, pero también puede ser un arma. Puede acercarnos a los demás o puede alejarnos. Según te comuniques con otros, puedes revelar la belleza de tu ser o los aspectos más oscuros y en tu encuentro con los demás, sembrar lo mejor o lo peor. Así de poderosa es la comunicación.

*Dirección General Enfoque Integral

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