Enfoque Integral
Inicio » Desarrollo Humano » ¿Amamos o dependemos?

¿Amamos o dependemos?

Gabriela Soberanis Madrid, Coach de Vida

Desarrollo Humano

* Por Gabriela Soberanis Madrid

“No es fácil encontrar la felicidad en nosotros mismos, y no es posible encontrarla en ninguna otra parte”. Agnes Repplier

En estas líneas hablaremos de un mal que afecta a muchos: la codependencia. No pretendo desarrollar el tema como una experta, pero dejaré entrever mi experiencia personal al respecto y apoyaré algunos puntos basándome en los conocimientos que he adquirido en mi práctica como Coach de Vida.

Me parece crucial comprender la frase de inicio porque logra resumir la naturaleza exacta de la codependencia: la necesidad de encontrar la felicidad fuera de nosotros, generalmente en otra persona.  Sin embargo, considero justo ofrecer una definición completa que de lugar al desarrollo de otros conceptos subyacentes al tema central. He aquí la que nos da Robert Subby, en su libro Co-dependency, An Emerging Issue,: “La codependencia es un estado emocional, psicológico y conductual que se desarrolla como resultado de que un individuo haya estado expuesto prolongadamente a, y haya practicado, una serie de reglas opresivas, reglas que previenen la abierta expresión de sentimientos al igual que la discusión abierta de problemas personales e interpersonales.”

Con esta definición podemos empezar a comprender que  así como hay gente adicta a las sustancias químicas, a comer en exceso, al ejercicio, a apostar (y la lista puede seguir y seguir) también existen personas atribuladas por la conducta de otras personas. Y así como a las primeras se les ha denominado adictos, a las segundas se les llama codependientes. Para algunos, el término podría resultar familiar, aunque no tengan una idea muy clara de qué significa, para otros, podría tratarse de algo completamente desconocido, pese a que pudieran sufrir los síntomas propios de la codependencia. El asunto es que se trata de algo importante porque atañe a muchísima gente e impide que podamos vivir vidas sanas y funcionales.

El tema es complejo y como dice Melody Beattie, “Cada codependiente tiene una experiencia única nacida de sus propias circunstancias, historia y personalidad.”, pero me parece importante señalar de inicio que la conducta codependiente suele enredarse de forma misteriosa con actitudes que consideraríamos “normales”, por lo que se dificulta identificarla.  Conductas socialmente aceptadas como ser una buena esposa, madre, hija o cualquier otro rol que nos toque jugar, dar desmedidamente a los demás, preocuparse por otros al punto de olvidarnos de nosotros, sacrificar nuestro bienestar por el de alguien más y responsabilizarnos de lo que nos corresponde pueden coexistir con actitudes más claramente dañinas como la hostilidad, la indiferencia, el egoísmo, las exigencias irracionales, sentirse mártir, ser un tirano o provocador, controlar y manipular, reprimirse o tolerar en demasía… ¿Eso es la codependencia? o ¿qué es?

Una definición como la que he ofrecido al principio de estas líneas no clarifica los escenarios que pueden presentarse en las personas y las relaciones codependientes. La codepedencia tiene causas y efectos y estas son tan diversas como seres humanos existen. Pero si hiciéramos un intento por encontrar el común denominador de las causas y los efectos quizás pudiéramos resumirla así: la causa principal de la codependencia es la necesidad de encontrar fuera de nosotros mismos lo que solo podemos encontrar en nuestro fuero interno. Proviene de haber aprendido reglas sobrentendidas que marcan la pauta para relacionarnos con otros obviando o prohibiendo la discusión de problemas y evitando o reprimiendo la expresión de sentimientos, especialmente los de enojo y tristeza. Bajo estas condiciones, los efectos no son de extrañarse y uno de los más evidentes tiene que ver con las expectativas. Las personas codependientes tienen expectativas poco realistas sobre sí mismas y los demás. Por ello, presentan dificultades para ver con objetividad lo que ocurre consigo mismas y con otros. No saben comunicarse de una manera franca y abierta y reprimen o tienen muy poco control sobre sus sentimientos. Por otro lado, se presentan dos características importantes en el desarrollo de la codependencia: la reacción y el apego.

Las personas dependientes reaccionan. Lo hacen en exceso o no lo hacen en absoluto, pero el asunto es que rara vez toman acción. Cualquier aproximación al tema nos va a llevar a este punto crítico, al hecho de que la codependencia es principalmente un proceso de reacción. La constante es que se reacciona a casi todo: a la conducta de los demás, al estrés, a las preocupaciones, a los sentimientos, a las situaciones y a las historias que nos contamos. Si bien reaccionar a algo no es necesariamente anormal, lo sano es aprender a responder y a actuar de forma razonable y más sana, tanto hacia las personas como hacia las circunstancias que nos rodean.

Por otro lado, la codependencia es un apego obsesivo hacia alguien más y a las situaciones y/o problemas que rodean al objeto de nuestro apego, quien puede ser un adulto, un hermano, el padre o la madre, un hijo, un niño, la pareja o un amigo. Es normal interesarse en alguien y sentirnos conectados a otros, pero diferente es involucrarse en exceso al punto de sentir que no se puede vivir sin la otra persona. De modo que, como yo lo veo, las reacciones irracionales del codependiente generalmente son producto de su apego. Esto último nos sirve para iluminar la respuesta a la siguiente pregunta: ¿Qué necesitan los codependientes para sentirse y estar mejor?

Ante la codependencia no hay nada que se pueda hacer fuera de nosotros. Este es un asunto que debemos enfatizar: ni el concepto ni los aspectos subyacentes que lo conforman y mucho menos la recuperación está en otro lugar que no sea nosotros mismos. Es posible que creamos que si, pero no importa con cuánta vehemencia nos aferremos a esta creencia, el único modo de salir de este estado es reconociendo que la solución está en nosotros y en renunciar a cualquiera de sus síntomas: la manipulación, los cuidados excesivos de otros, el control, la represión, la ira y la culpa, la tolerancia inexplicable al sufrimiento, atracción por personas necesitadas o afectadas, el abandono de uno mismo, problemas para intimar, dificultades para expresarnos con asertividad, no saber qué quiero ni qué necesito y circunscribir nuestro bienestar a la dependencia de alguien con la ilusión de que ese alguien cumpla nuestras expectativas. Pero veamos de cerca estos síntomas: lo que tienen en común todos ellos es que provienen de la persona dependiente, no están en otra parte y justamente esto es lo que necesitamos comprender para no tener duda de que la solución también está en nosotros y en nada ni nadie más. Y aquí es donde el desapego entra en acción.

El primer paso es entender que sin apego no hay codependencia, de modo que es la práctica del desapego lo que nos puede proveer de la libertad que tanto necesitamos para vivir vidas más sanas y tener relaciones más constructivas. El apego es el aspecto que debemos atender primero y asegurarnos que sea el punto de partida de nuestro trabajo interior, ya que no podemos resolver nuestros propios problemas ni atender nuestras necesidades sin antes apartarnos mental, emocional y a veces hasta físicamente del objeto de nuestro apego.

La idea central del desapego es comprender que cada persona es responsable de sí misma, por lo tanto comenzamos a dejar que cada quien viva su vida con sus correspondientes consecuencias y aprendemos a hacer esto sin forzar las situaciones, renunciando al control y sin manipular. En su lugar, nos hacemos responsables de nosotros, hacemos el propósito de dejar que las personas sean como son, las aprendemos a amar y a preocuparnos por ellas sin obsesionarnos y  empezamos a involucrarnos con otros de forma más respetuosa y asegurando no lastimarnos a nosotros mismos. Damos – y nos aseguramos de obtener – absoluta libertad en el marco de ese compromiso con otros.

El desapego no es indiferencia es, por el contrario, un interés genuino por dejar que cada quien se haga cargo de lo que le corresponde. Sabemos que estamos en el camino del desapego cuando dejamos de volvernos locos por lo que otros hacen, cuando dejamos de reaccionar por ansiedad o porque pensamos que las cosas deberían ser diferentes, cuando dejamos  de querer controlar lo que no está en nuestras manos, cuando dejamos de crear caos en nuestra mente y a nuestro alrededor. Contrario a esto, empezamos a confiar en el orden natural de las cosas, empezamos a buscar lo que necesitamos dentro de nosotros, le damos a otros el regalo de la libertad, aceptamos lo que está sucediendo y damos oportunidad a que las cosas se den solas, aceptamos las dificultades y nuestros problemas no resueltos como parte de la vida y empezamos a sentirnos capaces de amar de verdad, dejar de depender y solucionar nuestros propios problemas para vivir sin dolor y sin angustias.

Vivir en una situación que ya no podemos tolerar más es ir en contra de nosotros mismos y nadie está a merced de nadie a menos que lo permita. Vivir dependiendo de alguien más, de su estado de ánimo, de sus acciones, de su aprobación y de su amor, no es vida. Jamás debemos dudar que es posible vivir sin obsesionarse o preocuparse desmedidamente por alguien o por algo al punto que nuestras emociones estén en constante ebullición y nuestra mente nos juegue trucos. Todo el tiempo existe la esperanza de una vida mejor, de la posibilidad de convivir con gozo y libertad en nuestras relaciones y de sentirnos en paz con nosotros mismos y con otros. Pero como dije anteriormente, esta decisión solo puede provenir de nosotros.

Nota: Cada persona debe decidir por sí misma si es codependiente y si necesita hacer cambios y cuándo hacerlos. Pero si tu eres una de esas personas o en algún punto te sentiste identificado con algo de esta lectura o crees que necesitas ayuda, no dudes en buscarla. Hay muchas fuentes de apoyo, una de las más poderosas son los grupos de Doce Pasos.  

*Dirección General Enfoque Integral

Consultoría, Capacitación y Coaching para el éxito

gsoberanis@enfoqueintegral.com.mx